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Memorias de Campeón:
El recuerdo del WebMaster sobre aquel glorioso día.

elreydecopascol@hotmail.com
Medellín - Colombia, Mayo 31 de 2004
// 10 Años Después // 

Leonel, símbolo verde de la Copa

“Los pelos se me pusieron de punta”

“Pacho fue el conductor, Alexis el capitán, Usuriaga el goleador, Tréllez el nombre rutilante, Higuita el toque genial, Perea y Escobar la solidez. El símbolo fue Leonel” El Gráfico.

Aquel 31 de mayo de 1989, Leonel Alvarez, se paró nervioso frente al arquero Ever Hugo Almeida, del Olimpia. El cuerpo de miles de personas parecía explotar, todos contrajeron los músculos con fuerza durante aquellos segundos, para ayudar con el cobro, el noveno de Nacional, en la serie de los penales, luego de los intentos fallidos de sus compañeros.

En ese momento a su cabeza llegó el recuerdo de todo lo aprendido en los estadios. Sereno, Leonel miró el balón y sin pensarlo dos veces, pateó fuerte al palo derecho, ángulo al que no llegó Almeida. La euforia se apoderó de su organismo, que reaccionó arrodillándose, como dándole gracias al Creador. Todos sus compañeros corrieron a abrazarlo. “Los pelos se me pusieron de punta. Me arrodillé para darle gracias a Dios y sentí a cientos de personas que me abrazaron, la alegría que sentí en aquel momento, no la puedo describir”, dice Leonel, quien vive en Dallas, Estados Unidos al lado de sus hijos Leo Stéfano de siete años y Valentina de seis, junto con su esposa Angela María y su madre Fabiola.

Hoy, 10 años después de aquel momento, Leonel recuerda con nostalgia el momento glorioso. No ha cambiado y sus características de tenacidad, respeto, fuerza, calidad y voluntad, dentro y fuera de la cancha se mantienen intactas.
“Ese fue uno de los mejores momentos de mi vida. Pensé en la gente que había viajado desde Medellín a Bogotá. Antes de que me tocara patear imaginaba la ilusión de ese montón de personas que querían salir contentas del estadio y nosotros no los podíamos defraudar ya que ganar un torneo como la Copa Libertadores es muy importante”, agrega.

El Abrazo
“Cuando ganamos por fin la Copa, creo que ninguno pudo hablar. Uno se mira a los ojos, se abraza, se da un beso de hermano y es la satisfacción de un objetivo que se había trazado y que se cumplió”, recuerda.

Los rostros de mucha gente confluyeron en el espacio donde habitaban mundos extraños y miradas mágicas por la alegría inmensa. El corazón de Leo latió con fuerza, cansado de sudores al ritmo de cientos de aplausos.
“Ese cobro me tocó finiquitarlo a mí, por fortuna lo hice, claro que fue un trabajo de todos”, insiste.

“La llegada a Medellín fue lo mejor. Todo se vivió con demasiado entusiasmo y dio la casualidad que era un día festivo, estábamos como elevados, en otro mundo”.
La euforia llenó las calles de la capital paisa. “El país sintió como propio ese título y fue una noticia agradable. Ser campeones era lo máximo y por donde andábamos había gente con ganas de tocarnos, igual nosotros queríamos estar con ellos”.

Después vino el encuentro y la celebración con la familia. “La fiesta con mi esposa, mi mamá y mis amigos fue maravillosa. Todos nos abrazábamos con una inmensa sonrisa dibujada en el rostro. Ellos son los que lo soportan a uno y le aguantan las fuerte concentraciones. Es una tolerancia que va unida a los sacrificios, recompensados con triunfos”.

El Colombiano, por Gustavo Adolfo Gallo.
Medellín, lunes 31 de mayo de 1999.

El desorden, la tensión, la falta de tiempo, los patos… Lástima, ¿y la gran foto?

La ansiedad y el haber salido del camerino sobre el tiempo, impidió que los once nacionalistas formaran para la foto del gran recuerdo.

El Campín era un hervidero. Los antioqueños se habían “tomado” la capital colombiana. Los cánticos, el ondear de las banderas, las luces multicolores, el papel picado se conjugaba con el nerviosismo, la tensión, el desespero. “Los músculos casi ni respondían”, se atreve a decir uno de los protagonistas de la fantástica noche de 31 de mayo, hoy justo hace diez años, John Jairo Carmona.

La salida del camerino fue un verdadero caos. Fotógrafos, periodistas, recogebolas, instructores arbitrales, patos y más patos, se confundían entre los once gladiadores nacionalistas que corrían, para distensionarse, hacia el círculo central.
“Era un infierno”, recuerda hoy Luis Alfonso Fajardo, otro de los héroes de la justa verdiblanca en Bogotá.

De todo quedaron recuerdos, cada movimiento era un disparo de flash. Quienes estaban allí iban a quedar para la posteridad.
No se podía desperdiciar la posibilidad de “fotografiarse” al lado de los héroes de la más grande epopeya del un club colombiano.
Sin embargo, ¿dónde diablos quedó la foto del equipo campeón? O ¿quién la tiene?
Buscando en el archivo de los diarios colombianos de la época ninguno captó el momento de la formación verde. Había tanta gente que, en ese instante, quería “devorar” a los jugadores; que no hubo tiempo para casi nada.

A las carreras
“No me acuerdo de ese momento, todos estábamos tan ansiosos que sólo atinamos a salir y correr hacia el centro del terreno. Recuerdo que lo hicimos tarde. Toda la gente se nos abalanzó, todos querían autógrafos, fotos o algo así. Y mientras eso, los árbitros y el comisionado de campo nos apuraba para formar ya que la ceremonia de los himnos estaba retrasada y ya se sabe como es eso del tiempo de la televisión”, expresa Carmona.

“Todos decíamos cosas diferentes, que vamos para allá, que formemos acá, que la foto, que los capitanes. De carrera posamos en un extremo de la cancha. Pero eso fue un instante, había mucha gente y demasiado desorden. Nosotros estábamos ya demasiado tensos y tal como llegamos, así mismo rompimos la formación”, agrega.
Como resultado del instante que captaron los fotógrafos dos jugadores, quienes a la postre se irían a convertir en los más importantes de esa noche, no quedaron en la foto: René Higuita y Leonel Alvarez.

¡Que Pesar!
“Yo no he visto otra foto que no fuera esa. Una lástima. Es que todo pasó tan rápido”, concluye Carmona. El Gráfico de Argentina, en su edición especial: “Nacional, en su hora más gloriosa”, que circuló en septiembre de 1989 –82 páginas repletas con información sobre la consagración de los verdes–, debió limitarse a publicar un póster del campeón con una foto previa, lograda durante una de las concentraciones en el oriente antioqueño.
Y, en efecto, el recuerdo más cercano de ese importante momento es la gráfica que acompaña a este texto en la que se aprecia el afán y a la vez el desconcierto de nueve jugadores –menos Higuita y Leonel quienes, por el desorden que imperó en ese instante, no posaron–, ¡Que lástima!

La noche del 31 Colombia toda era Nacional

Del grupo que consiguió el título de la Libertadores, Andrés Escobar, el gran capitán, y Felipe Pérez, un hombre que imponía seguridad en mitad campo, ya no están con nosotros. Unos aún juegan la mayoría se dedica a actividades particulares. Aquí algunos conceptos sobre la noche del 31 de mayo de 1989:

“Esa noche fue el momento más grande para mí y para el país entero. Es difícil de olvidar. Vivimos un estado de gloria que no se puede describir. Ese fue un instante en el que nuestras mentes se elevaron tanto que, a lo mejor, no alcanzamos a comprender la importancia del título en la Copa”. Alexis García.

“Fue algo impresionante, lo más grande que me ha pasado en la vida. Pacho nos decía, siempre guardando su compostura, que más adelante nos íbamos a dar cuenta de lo ganado, que en ese momento no nos alcanzábamos ni siquiera a imaginar. Pasado el tiempo es cuando uno más se da cuenta del significado de ese acontecimiento. Van diez años y aún ningún equipo de Colombia ha podido igualar lo que hizo Nacional”. J.J. Carmona.

“Fue un hecho inolvidable. Nos trajo muchas alegrías, diría demasiadas. En Colombia nunca lo olvidaremos”. René Higuita.
“La afición de Bogotá siempre nos ha tratado mal. Pero desde que llegamos al aeropuerto, ese mismo miércoles, sentí a los bogotanos como si fueran antioqueños. En el hotel, en la calle, en el estadio. Esa noche Colombia era Nacional. Los bogotanos nos arroparon y hasta celebraron mancomunadamente con los antioqueños. Eso fue fundamental”. Luis A. Fajardo.

“Éramos un grupo muy fuerte espiritualmente; esa sensación espiritual era la que nos aproximaba, más y más en cada partido, a la conquista de un objetivo difícil como el de la Copa”. Luis C. Perea.

El Colombiano, por Oswaldo Bustamante.
Medellín, lunes 31 de mayo de 1999.

Luis Carlos Perea evoca la final de Copa

Nadie quería cobrar los penaltis.

Han pasado diez años y Luis Carlos Perea aún sueña con el título de Copa Libertadores. El lunes, tras su regreso de Miami, revivirá con intensidad los instantes claves de esa victoria.

Luis Carlos Perea, otro protagonista de la hazaña del Atlético Nacional, no olvida el momento crucial que definió el título de copa para los verdes, hace diez años: “Tengo presente las definiciones por la vía de los penaltis. Allí se abría la puerta para ser campeones y todos empezamos a soñar, sobre todo cuando Higuita atajó el cobro inicial de Olimpia y Andrés Escobar marcó el primero para nosotros”, narró el zaguero central desde Miami, donde estuvo los últimos días intentando vincularse a la liga norteamericana.
“Pero la respiración se cortaba a medida que iban pasando los minutos. René tapaba y nosotros desperdiciábamos. Al final todo el mundo se tiraba la pelota, nadie quería cobrar…”.

El popular “Coroncoro” Perea ejecutó el lanzamiento número 16; atajó Almeida para establecer el 4 – 4. Sin embargo, la esperanza seguía latente por la inspiración de Higuita. Y sucedió lo esperado: Sanabria botó el penalti siguiente y Leonel Alvarez convirtió el 5 – 4 definitivo.
“Recuerdo que yo fui el primero en ir a celebrar con Leo, quien estaba de rodillas, con lo brazos abiertos dándole gracias a Dios por la victoria. Me le tiré encima y luego llegaron los demás compañeros”.

“¿En quién pensé? En ese momento todo fue emoción. Sólo veía la portería, el balón y el momento del gol. Es algo inenarrable”, dijo este morocho natural de Turbo.
“Aquí está el triunfo. Esta frase de Leonel nunca se nos olvidará. El estadio estallaba lleno y Colombia entera celebraba”, aseguró.

Medellín se lo merecía

A pesar de que en Bogotá jugaron como en casa y aprovecharon las ventajas de la altura, Perea señaló que Medellín se merecía la final de la Copa Libertadores y que éste hecho le dejó la espinita.

Luis Carlos, siempre catalogado líder del equipo, sintió miedo pero lo supo controlar y no se lo contagió a los compañeros. “Tuve temor desde que perdimos 2 – 0 en Asunción. Estábamos ante un rival de mucha categoría y había que remontar un marcador amplio”.
El triunfo ante Olimpia es para Perea lo más grande que ha conseguido en su carrera deportiva, por encima de sus dos participaciones en los Mundiales de Italia-90 y Estados Unidos-94. La Copa, la principal manera para el fútbol colombiano en toda su historia, tiene su significado especial para el ex jugador verdolaga porque además de todo lo que sufrió para alcanzarla, lo hizo con sus compañeros de toda la vida, con las personas que lo vieron crecer física y profesionalmente.

Por eso espera ansioso que llegue el lunes (viaja hoy desde Miami), para reunirse con los amigos de hazaña y revivir juntos el multitudinario recibimiento de que fueron en Medellín. “Quiero que llegue pronto ese momento, para abrazarme con ellos y recordar en familia”.

El día está cerca para repetir, así sea en la memoria, la película más importante del fútbol colombiano en medio siglo de fútbol profesional, en la que Luis Carlos Perea cumplió un papel protagónico. Un sueño hecho realidad.

El Colombiano, por Wilson Díaz.
Medellín, domingo 30 de mayo 1999.

Testigos de la noticia

“Le vi el rostro al infarto”
El Colombiano reunió a periodistas de los principales diarios del país, fieles testigos de la noticia. Ellos también se conmovieron con la fiesta que se disfrutó esa noche, del 31 de mayo, en El Campín bogotano.

Rodolfo Bello, El Espectador.
El diario El Espectador cubrió la final con su pareja estelar, compuesta por Esperanza Palacio y Rodolfo Bello, el refuerzo de otros tres redactores, tres fotógrafos, más el personal de apoyo en Redacción. En total fueron cinco páginas. Rodolfo recuerda impresiones de aquella jornada memorable.

“A El Campín lo he visto lleno muchas veces, pero nunca tan abarrotado como esa noche de Nacional. Lo más increíble de todo fue que lo coparon aficionados que llegaron de Medellín, pues eran muy contados los hinchas de Santa Fe y Millonarios. Uno parecía sentado en la tribuna del Atanasio Girardot. Inclusive, el estadio se llenó desde las cuatro. 
Nosotros llegamos a las seis y casi no podemos ingresar.

Un hecho curioso: me tocó al lado del dirigente brasileño Eurico Miranda, quien se cansó de hacer fuerza por Olimpia, a denigrar de Nacional y hasta amenazó con demandar el partido. Todavía respiraba por la herida a raíz de aquel problema con Vasco da Gama.
También me llamó la atención la cantidad de llamadas telefónicas a nuestras oficinas, de aficionados recomendando titulares”.

Germán Blanco, El Tiempo.
“El instante de los cobros, desde el punto penal, fue un auténtico parto, con Higuita tapándolos y sus compañeros botándolos. Diana Calderón, hoy subdirectora del noticiero 24 Horas, casi se me muere en la cabina.
Para ese compromiso, El Tiempo desplazó a seis periodistas, pues al día siguiente teníamos que salir con un suplemento de 14 páginas con todo sobre el título de Nacional. Recuerdo que la Rotativa arrancó casi a las 4 de la madrugada”.

Angela P. Valencia, El Colombiano.
Entre el equipo de El Colombiano, presente esa noche en El Campín, se hallaba la hoy abogada Angela Piedad Valencia.
“Cuando Leonel Alvarez se aprestaba a cobrar el último penalti, jamás olvidaré el estado de angustia y conmoción que se apoderó de una dama que estaba a mi lado, quien no se aguantó, se arrodillo de espaldas a la cancha, apretó en sus manos una camándula, agachó la cabeza, se agarró a rezar y sollozar de los nervios. Palabra que me dio susto, porque parecía al borde de un ataque. Esa noche le vi el rostro al infarto.

También me impacto el lleno de El Campín con la gente de Antioquia. Todos los colombianos eran hinchas de Nacional y antioqueños por adopción. Ese día se acabó el regionalismo, imperó el sentimiento nacional”.

Luis E. Delgado, El País.
Los diarios de Cali también le siguieron la huella a Nacional, aunque con menos intensidad de cómo lo hicieron los diarios de Medellín y Bogotá.
En la sala de redacción de El País, haciendo fuerza frente al televisor, se hallaban Luis Enrique Delgado, Augusto López, el desaparecido Mario Posso y el fotógrafo Orlando Blandón (hincha de Nacional).

“Casi nos matan los cobros finales de penaltis. Que angustia, que suspenso, de infarto. Toda la información nos llegó de Bogotá a través de la agencia Ciep, suficiente para las tres páginas que le dedicamos a Nacional”.
El Colombiano, por Ber – Buri.
Medellín, domingo 30 de mayo de 1999.

Parece que fue ayer

El lunes 31 de mayo se completará el primer decenio de la conquista de la Copa Libertadores de América por parte del Atlético Nacional. Grandes recuerdos de una gesta inigualable.

Fueron 1260 minutos, 14 partidos, seis rivales, 21 goles, nueve penaltis, 17 puntos, cinco rondas, 106 días de largos ayunos y concentraciones, cuatro meses, 31 jugadores, 2 técnicos, un kinesiólogo, un utilero, un médico, cuatro correrías por países diferentes a Colombia y 475.500 personas que, a lo largo del torneo, lo vieron personalmente.

También una larga espera: cuarenta y un años después de que en Colombia se implementara el fútbol profesional. Y una lucha por conseguir la identidad del balompié criollo iniciada tres años antes, en 1986.

Pero mucho más allá, fue la impotencia represada de todo un pueblo que en una noche de miércoles, se volcó, de cuerpo presente o de corazón, a las frías tribunas del estadio El Campín en donde, por reglamento, debió trasladarse el que sería el festejo verde, explotó para romper el hechizo de una esquiva Copa Libertadores de América, ese 31 de mayo de 1989.

De la mano de René Higuita y de los pies de Alveiro Usuriaga y Leonel Alvarez, Nacional conquistó, en tierra ajena, el que con el tiempo habría de convertirse en el único título continental del fútbol colombiano. Dos lustros después, ningún otro equipo del país ha podido emular tal hazaña, ni siquiera con los esfuerzos del encopetado América o del “millonario” albiazul de Bogotá.

¿Quién no recuerda a Higuita lanzándose como un felino en pos de la pelota disparada con potencia por Vidal Sanabria? O la seguridad de Leonel para cobrar el noveno penalti, su carrera hacia un sector de la cancha para arrodillarse y darle gracias a Dios. O el olfato de Usuriaga para convertir el gol del empate que ponía a Nacional en paridad de condiciones en el Olimpia. El carrerón de todos para abrazar a Alvarez y la frialdad, como de hielo, de Francisco Maturana en la celebración.

“Antes de que me tocara patear imaginaba la ilusión de ese montón de gente que quería salir contenta del estadio”, señala hoy Alvarez.
“Fue un hecho inolvidable que nos trajo muchas alegrías y nunca lo olvidaremos”, expresa, diez años después, René Higuita.
Y en verdad que es una fecha imborrable. Por eso el próximo lunes, 31 de mayo, cuando se complete el primer decenio de esta gesta, Nacional –y con él todos sus hinchas –, volverá a levantar la copa, esta vez de champaña, para rememorar ese momento.

Fue la noticia del año

El jueves 1 de junio de 1989, El Colombiano publicó 17 páginas (incluyendo la primera) dedicadas exclusivamente al título de Atlético Nacional en la Copa Libertadores.

Estos fueron los principales titulares:
– Nacional campeón, a lo ancho de la primera plana, con estos subtítulos:
– René Higuita fue el héroe de una jornada histórica para Colombia.
Titulares aparecidos en páginas interiores:
– Nacional: Fútbol y gloria.
– Un Leonel se tragó la suerte de Olimpia.
– La felicidad a 2.650 metros de altura.
– Gloria verde. Esta vez el destino dijo sí.
– Un infarto en cámara lenta.
(“Vea, no es falta de respeto, pero a mí me está pasando lo mismo que cuando se murió mi mamá: no lo podía creer”).
– Alegrías y pasiones en el camino verde.
– Todo empezó en 1972 (primera incursión de Nacional en Copa, dirigido por José Curti).
– Diego Barragán, preparador físico y jefe de disciplina: “Nacional, misión cumplida”.
– ¿Nacional de puros criollos…? Era una locura.
– Las otras alas de Higuita (crónica de Reinaldo Spitaletta)
– El golazo que le metió el fútbol al ciclismo. (¿A quién le interesa hoy que Oscar Vargas sea líder de la montaña?, crónica enviada desde Duaphine-Libere, en Francia).

El Espectador
– Que gran regalo… Bogotá (Nacional gana la Copa Libertadores).
– 2.600 metros de gloria.
– La Copa se desbordó en las calles.
– Nacional, ahora Tokio te espera.
– Higuita fue la seguridad, Usuriaga la tranquilidad.
– Se enloqueció Medellín.
– “Es una base para creer en lo nuestro”, Pacho Maturana.
– El gran Nacional, Milán…do a Tokio.

El Colombiano, por Oswaldo Bustamante.
Medellín, sábado 29 de mayo.

Minuto a minuto

8:30 p.m. Comenzó el partido.
9:15 p.m. Primer tiempo (0-0).
9:30 p.m. Comenzó el segundo tiempo (con mucha tensión).
10:06 p.m. Autogol de Miño, Nacional gana 1-0.
10:16 p.m. Gol de Usuriaga, Nacional gana 2-0 y empata la serie.
10:15 p.m. Acabó el partido.
10:30 p.m. Comenzó el tiempo suplementario (sin goles).
11:00 p.m. Terminó tiempo suplementario con igual marcador.
11:15 p.m. Comenzaron los penales.
11:45 p.m. Terminaron penales. (Nacional, campeón de la Libertadores)

Día: miércoles 31 de mayo de 1989. Partido Nacional – Olimpia (2 - 0 en los 90 minutos; 5 - 4 en los penales).

El Colombiano, por Pablo Arbelaez Restrepo.
Medellín, domingo 30 de mayo de 1999.

Campaña en la conquista de la Libertadores 1989:

Partidos jugados: 14
Ganados: 6 (Deportivo Quito, Emelec, Racing, Millonarios, Danubio, Olimpia).
Empatados: 5 (Millonarios -2-, Emelec, Deportivo Quito, Danubio).
Perdidos: 3 (Millonarios, Racing, Olimpia).
Goles a favor: 21.
Goles en contra: 12.
Puntos obtenidos: 17 de 28 posibles.
Rendimiento total: 60.7%
Goleadores: Usuriaga (7), Tréllez (3), Higuita (2), con 1: Arango, García, Fajardo, Arboleda, Villa, Escobar, Pérez. Dos autogoles: Vásquez de Racing y Miño de Olimpia.

El Colombiano, Medellín, Sábado 29 de mayo de 1999.


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